No entra ni un alfiler anoréxico

Latas de sardinas con ruedas
Por: ALEJANDRO VALLE MÉNDEZ

San Andrés Tuxtla, Ver.- Todas las personas alguna vez en su vida, han usado el servicio de transporte público de la ciudad, se habrán percatado que en determinadas horas del día, estos se llenan a reventar, lo que trae como resultado que muchos viajeros vayan de pie por todo el trayecto.
Situación que indudablemente es de alta inseguridad. Y lo peor de todo es que el conductor y el cobrador de pasaje al ver que la capacidad del vehículo está en su tope, continúan subiendo gente, sin importar que la personas vayan juntas (pero no revueltas) casi picándose los ojos y encima unos de otros.





Aquí vemos que en determinadas horas del día los camiones de pasajes con circulación en los Tuxtlas, se llenan como si regalaran billetes de mil pesos, a todo aquel que se suba primero.




“A veces yo me pregunto, si el chofer o el cobrador de boletos, no están concientes de la situación en que se vive dentro del autobús respecto al poco espacio que tienen los pasajeros, ya que en una ocasión, íbamos bien apretados y la verdad no entraba nada más y a pesar de lo anterior estos seguían metiendo gente de una manera irresponsable.”
Comentó Juana Pelayo

Algo más que no podemos dejar a un lado es que por el lleno total dentro del autobús, mucha gente casi va colgada en la puerta, escenario que proyecta con gran peso la inseguridad de sus vidas.

“A mi me tocó ver, que una niña iba muy cerca de una de las puertas del transporte, imagínate que ésta, Dios no lo quiera, hubiera perdido el equilibrio o la hubieran empujado, la desgracia que hubiera surgido”.
Explicó Margarita Azotea

¿Qué se debe hacer al respecto? Lo más viable sería que los propietarios de los transportes les proporcionen bastas y eficaces instrucciones al personal a cargo de cada transporte, para que estos tengan un limite de pasajeros, de esta manera se evitará el atropello de pies entre los pasajeros y se disminuirá en gran medida el riesgo al cual están expuestos por viajar en condiciones nada óptimas.

El número de esta gente parada en repetidas ocasiones se triplica, haciendo que estos vayan como bolsa de bombones, unos pegados con otros, lo cual es de gran inseguridad.

 
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